Lienzos locos para el Hombre cuerdo

21 febrero 2013

Entrevista a Dolan Mor



- Publicada en el Heraldo de Aragón (Artes & Letras), el 21 de febrero de 2013 -



© Anna Weise



                      
        “LA LITERATURA ES LA LIBERTAD ABSOLUTA”


Antón Castro:¿Cómo y cuándo nació tu vocación poética?

Dolan Mor: Mi abuela era española y hablaba en versos, pero murió antes de que yo naciera. Mi abuelo era un sabio analfabeto que me contaba historias imaginarias. Sin embargo, en mi casa no había libros, vivíamos en el campo, a dos kilómetros del primer pueblo. Sencillos, felices, transparentes como la lluvia, formábamos de cierta manera parte de la naturaleza. Recuerdo un día que descubrí una caja muy vieja que mi padre guardaba encima del armario. Me dijo que nunca la abriera. En la caja había libros de ocultismo, fue lo primero que leí en mi vida (a escondidas porque yo era sólo un niño). Parapsicología, Teosofía, Magnetismo, Hipnotismo, Sugestión, Medicina Psicosomática, etc...Dentro de esa caja encontré también un poemario, sin hojas sanas, casi hecho polvo, de José Martí. Como apenas era un niño de once años imaginé que yo era ese hombre, o que ese hombre vivía dentro de mí, y que había escrito aquellas breves líneas musicales, suaves, profundas, que me dejaban sin palabra al leerlas. Entonces sentí por primera vez en mi interior unirse la mariposa y el gusano, dejé de dibujar y escribí mi primer poema. El lápiz era marrón (recuerdo) y la hoja amarilla o azul, la arranqué de uno de los libros de ocultismo. Creo que el poema hablaba del viento.

¿Cómo fueron tus años de formación: tus lecturas, tus primeros poemas?

Como ya dije, venía de ser parte insignificante de la naturaleza, nací en el campo y por ese motivo o porque amaba con pasión los animales, con diecisiete años empecé a estudiar Medicina Veterinaria, pero mi corazón y mi cabeza se escapaban de clases para ir a devorar los anaqueles de las bibliotecas. Era inevitable, ya el virus de la literatura se alojaba en mis huesos y en mi sangre. Al tercer año de la carrera de Medicina decidí cambiarme de universidad y estudiar Literatura. Sucedió, como es lógico, la gran explosión en mi espíritu. Uní, por instinto, no por sabiduría, el arriba y el abajo en mi destino. Leía hasta tres libros diarios, escribía y borraba, como un enfermo que se fuera a morir mañana, hasta que a los diecinueve años “construí”, casi sin darme cuenta, tal vez por azar, un poema que hablaba sobre las pipas, sobre el destino humano y sobre el mar, es un texto que sale en mi primer poemario, dentro de los poemas juveniles de Filipo Bosternag, es un homenaje de agradecimiento a Coleridge, a Baudelaire y a Trakl. Con esa pequeña piedra de reciprocidad, con ese poema de un “obrero de la palabra” o de un “albañil de las letras” empecé a levantar mi edificio poético.

¿Fueron importantes los poetas cubanos y latinoamericanos en tu formación?

De la misma manera que lo fueron los europeos, los norteamericanos o los asiáticos. Ya lo dijo Montalbetti, es mucho más importante que Vallejo haya sido poeta que peruano. Si me preguntan por algo grande o poderoso que haya influido en mi vida para ser poeta diría que la simple historia de una paloma roja que vivía en el cielo, en un bosque naranja que crecía o crece todavía, no lo sé, detrás del sol. Era una historia que mi abuelo me contaba día tras día, todas las tardes, cuando yo era un niño, mientras dormíamos la siesta en su cama. Mi abuelo murió, yo tengo más de cuarenta años y todavía, aunque la busco sin cesar, no he encontrado esa paloma roja. Y no te hablo desde la símbología personal. Nietzsche se burla de la soberbia y dice que cada especie del universo tiene la necesidad, desde su sistema de apropiación de la realidad, de sentirse centro del mundo.

¿En qué momento percibes qué quieres hacer?

Desde el inicio de mi escritura, desde el poema juvenil del que te hablé, desde que descubrí (o me enseñaron) que dentro de uno existe un universo igual que el que vemos fuera de nosotros. Es un reflejo, nada más. El universo es mental y cabe en una célula. Dentro de uno también hay planetas, soles, océanos, países, animales, árboles, seres humanos. Sólo es cuestión de virar los ojos, de poner el espíritu al revés. La escritura entonces debe ser un plan bien tejido, organizado, un proyecto, una obra unitaria, como si uno fuera un dios, pero mortal, condenado al inevitable olvido. La ética de un escritor radica en saber que un día serás olvidado, y sin embargo intentar escribir para la eternidad. Borges lo dice con otras palabras en uno de sus poemas. Dante, Proust y Pessoa fueron dioses en ese sentido, pero no eran más importantes que una brizna de hierba.

¿En qué medida te ha influido la poesía europea?

No veo diferencias entre Ingeborg Bachmann y Blanca Varela, a pesar de que una es europea y la otra latinoamericana. Me acerco a sus obras, a sus cadáveres, para alimentarme, al igual que lo haría un ave de rapiña. No me pregunto nunca de dónde son porque llegaron al mismo lugar, al país de la Poesía, pero por diferentes caminos. La poesía escrita en los países de Europa es importante para mí, pero no lo es más ni me aporta más tampoco que unos poemas, por ejemplo, de Jorge Leónidas Escudero, quien dejó su carrera de ingeniería para irse a buscar oro a las montañas y publicó su primer libro a los cincuenta años. Escudero habla desde el lenguaje del pueblo, es argentino, parece analfabeto, se asoma desde otra ventana a la poesía, rompe el lenguaje, pero es tan universal y tan viejo sabio como el adolescente Rimbaud.

En 1999 llegas a España. Y dices que eres un poeta exiliado. ¿Por qué? ¿De qué te sientes exiliado, desterrado, excluido?

Como poeta no me siento exiliado, ni excluido de ningún sitio porque la literatura no encarcela a los hombres, ni los destierra, ni les prohíbe nada, al contrario, la literatura es libertad absoluta y el escritor verdadero es, a la vez, rey y esclavo, novelista y personaje, poeta y poema. Pero como ser humano que soy nací en un país, bajo las leyes de un gobierno que ejercía una ciega dictadura, y en los años noventa, por mis ideas, me encerraron varias veces, me desterraron y tuve que salir hacia Europa. Sin embargo, te puedo asegurar que aunque añore mi isla no me siento Ovidio.

¿Cómo defines tu mirada, esa búsqueda del apócrifo?

Soy un niño que juega a ser otros niños (y cuando digo niños también me refiero a niñas, no olvidemos que todo en el universo es femenino y masculino). También me fascina confundir la realidad con la ficción. Pero ese cambio de papeles y máscaras obedecen, como un espejo doble, al mundo en que vivo, al mundo externo e interno reflejado en la pared del arte. Yo diría que un poeta debe lavar la ropa de todos los vecinos del edificio, pero además debe tender la indumentaria sin separar unas prendas de otras, más bien mezclándolas, de manera que las prendas o las identidades se confundan con el objetivo de representar la actualidad confusa, cosmopolita e híbrida que vivimos. Como Alberto Caeiro “yo no tengo filosofía, tengo sentidos”, y mis sentidos reflejan el universo exterior.

¿Para ti la poesía es símbolo de juego, de trampantojo, de laberinto de cultura, de citas enmascaradas?

La poesía es lenguaje y debe obedecer a las reglas del lenguaje, pero debe obedecer rebelándose contra ese poder impuesto desde afuera, contra la simulación del intelecto, intentando decir lo inexpresable, convirtiendo la palabra cotidiana en discurso sublime. Si toda acción trae por ley una reacción la poesía será esa reacción de rebeldía, pero debe obedecer al corazón, a las ideas elevadas y a la belleza, todo esto envuelto, como bien decía Pound, en ropaje musical. Como un filósofo dejó escrito en su texto “Sobre verdad y mentira...”: el lenguaje es un sistema arbitrario de designación de las cosas. Toda palabra implica un doble salto metafórico. Toda palabra implica dos metáforas.

Ya en tu primer poemario hay un claro juego de heteronimia. ¿Quién te ha condicionado esa apuesta? Pessoa quizá, Machado...

La heteronimia me interesa al igual que los heterónimos, pero la heteronimia la desarrollo más en los libros del lenguaje que en los primeros poemarios. Los heterónimos de Pessoa tienen sus antecedentes, entre otros, en el monje Rowley, de Thomas Chatterton, aunque la historia de su infancia lo desmienta. En la universidad leí con fervor a Luis Rogelio Nogueras, un poeta cubano cuyo sello es lo lúdico en la poesía. Me fascina la metamorfosis, el cambio de los fenómenos en general. Nunca se me olvidará cuando de niño cogí un pez diminuto y lo metí en un recipiente de agua y al otro día me encontré con una pequeña rana fuera del recipiente. Ignoraba que un batracio era una rana. Ni olvidaré nunca que a mi abuelo todo el mundo le decía un nombre y después, cuando crecí, descubrí que en realidad tenía otro nombre, aunque fuera la misma persona. La realidad desde el lenguaje confunde.


Persiste en esa línea con “El Plagio”, que es una antología imaginaria de un poeta judío muerto, que habla desde la tumba. ¿Te basaste ahí en Edgar Lee Masters y en su “Antología de Spoon River“?

La “Antología de Spoon River” es uno de los libros más deliciosos de la historia de la literatura. En Miami vivió un poeta cubano que desapareció de manera misteriosa, se llamaba Eddy Campa. Escribió un breve poemario titulado “Little Havana Memorial Park”. Mi primer poemario se basa en la misma idea que motivó a Eddy Campa a escribir su libro, pero en vez de usar como personajes a unos marginados para denunciar la sociedad yo uso a un muerto judío, que nos habla desde la tumba, y lo mezclo con otros elementos ocultos, literarios e históricos, a la manera de Edgar Lee Masters.

¿Quién es Anny Bould? ¿O qué quieres que sea?

Anny Bould también es un personaje judío y simbólico dentro de los “Poemas míos escritos por otros”. En el prólogo de mi libro múltiple se explica muy bien qué significa ese personaje dentro de todo el proyecto. Sólo una aclaración, Carlos René García Pandiello es un escritor y crítico cubano que vive en Miami y que escribe para el Nuevo Herald, es un gran amigo mío desde la juventud, no es argentino, como se dice en el prólogo, Carlos García Pandiello es cubano y su falsa nacionalidad es la única ficción dentro del libro, todo lo demás, incluso quien firma el prólogo, José Ángel Silverio Sanz, que es otro gran amigo mío desde la universidad, aunque no aparezca en Internet o en los libros, es real.

En “Los poemas clonados”, leo, hay una crítica contra los poetas laureados norteamericanos, ¿por qué? ¿Qué te disgusta?

Admiro la poesía norteamericana desde siempre, lo que critico es que algunos poetas actuales en lengua española imiten a muchos poetas de Estados Unidos e incluso escriban como ellos. Cada persona nace con un sello propio y obedece a factores externos e internos únicos. La sinceridad en literatura es fundamental, y no me refiero a la ficción, sino a ser consecuente y hablar desde uno mismo, sin traicionarse. No me imagino a Vallejo escribiendo como Carver, ni al revés. Lo más triste es que muchas editoriales en España de nombre promueven este tipo de seudopoesía, de poetas imitadores, mediocres, pero me parece “obvio (como dijo Escudero) que si no naciste con dedos de guitarrero te es mejor tocar otros asuntos”.

¿También se extiende tu crítica a los poetas españoles? ¿Existe alguna fama ajena que te incomode, algún poeta que te parezca sobrevalorado?

En España existen poetas que respeto y admiro, los cuales no voy a mencionar aquí, pero también es cierto que la mediocridad ha plagado la poesía española y, por desgracia, muchos han confundido el circo o ser admirado en público con la poesía. A quien le interese más el dinero que la literatura, que se dedique a otra profesión, más rentable. No es digno quien usa el arte para lograr cosas materiales. Ojo, no digo que no se le pague al artista, digo que no venda su alma por dinero. El verdadero poeta sólo piensa en escribir y leer, algo lo empuja, un misterio, y no sabe por qué ni qué es. Tampoco le importa a dónde ni cómo llegará, ni partidos políticos ni ideologías que lo amparen. La mayoría de los poetas actuales españoles me parecen sobrevalorados y te puedo asegurar que no le dan sombra a un poeta secreto y desconocido aquí en España como es Joaquín Giannuzzi.

Otro de tus temas fundamentales es el lenguaje. Y a veces el lenguaje de signos. ¿Adónde quieres ir a parar, a la poesía visual, a la poesía de los signos? ¿Cuál es tu investigación específica con el idioma?

El lenguaje nos sirve para comunicarnos, pero a la vez que hablamos o escribimos traicionamos el universo y el pensamiento, no nos sirve para expresar con fidelidad nuestras ideas ni las cosas. Todos los poetas somos, hombres al fin, unos traidores, en mayor o menor medida. El poeta debe rebelarse contra ese poder engañoso y simulador del lenguaje, contra esa impotencia verbal. La poesía es un misterio al igual que el lenguaje, por supuesto, vienen de lo invisible, pero se manifiestan a través de lo visible y lo visible es imperfecto. Si desconocemos los signos de otro idioma, por ejemplo, eso no quiere decir que no expresen algo de lo que vemos o de lo que oímos. El conocimiento y los sentidos son limitados para el hombre. El mérito del poeta y de un traductor radica en que sabe que es imposible dominar ese monstruo de varias cabezas a la perfección, pero lo intentan, aunque sepan que será en vano, que algo se escapará siempre entre los dedos.  Borges decía que el lenguaje es un ordenamiento eficaz de esa enigmática abundancia que es el mundo. Para mí el poeta debe desordenar con lógica expresiva ese orden.


También rindes homenaje en tu libro a Wittgenstein, a Joyce, a Grace Kelly.

Sí, en “Poemas míos escritos por otros” lo mismo encuentras a parte de mi familia que a Saussure, a Fritz Mauthner, a Blanchot, a Derridá o a Heidegger, no hago diferencias.

¿Qué le debes a Matsuo Basho?

Que una simple foto respire, esté viva o que haga coincidir la eternidad con el instante.

Para leer tu poesía, tan llena de claves, es necesario dominar la cultura y el entramado de referencias o se puede leer sin tantas claves?

Una vez fui con varios amigos de mi juventud a una biblioteca esotérica en La Habana, todos entramos sin problema, la entrada era libre. Nos sentamos y pedimos libros diferentes para leer, de acuerdo a nuestros gustos particulares. Todos entramos a la biblioteca ese día, nadie quedó fuera, pero cada uno leyó “su libro”.

¿Qué pretendes decir con tu poesía, cuál es tu propuesta?

Decía Maurice Nadeau que “la poesía no necesita de caballeros que busquen cortejarla, sino de muchachos dispuestos a violarla”, yo me propongo violarla desde mis limitaciones, desordenarla con orden, pero no en el sentido maldito, sino desde el lenguaje, como lo intentaron Vallejo, Girondo o Simons, aunque sé que ella siempre me violará a mí y que mi sueño de poeta será en vano o terminará, como toda obra humana, en las oscuras manos del olvido.


¿Cómo te sientes en Aragón? ¿Estás integrado en la lírica de aquí, sientes que vivimos un gran momento, te interesan autores específicos?

Ahora sobrevivo en un pequeño pueblo de Aragón, apenas salgo de casa, en Zaragoza, en Huesca y en Teruel conservo buenos amigos. Pero en los tiempos duros que corren prefiero pensar en Paul Valéry: “el problema de estos tiempos es que el futuro ya no es lo que era”.


¿Qué supone para ti la publicación de tu poesía de más de diez años en dos volúmenes?

Son seis años, del 2004 al 2010, y no significan nada, salvo que debo seguir trabajando sin sacar la cabeza del agua en el tercer volumen del proyecto. Se llamará, si al final no lo destruyo o le cambio el nombre, “Poemas de O. Baranas” o “Baranada”.